¿Alguna vez te ha pasado que compras en el supermercado una jabón que huele delicioso, te duchas emocionada y cuando sales del agua empiezas a sentir que la piel está tirante, y algunas veces hasta sientes una picazón insoportable, y te arrepientes de no haber comprado también la crema hidratante que venía a juego con los colores del jabón? A mí me pasó mil veces.

Durante años, pensé que "así era mi piel" y simplemente buscaba el siguiente frasco, probando marcas más caras o con envases más bonitos, esperando que el resultado fuera distinto. Pero la realidad era otra: mi piel me estaba lanzando una señal de auxilio, y yo, sin saberlo, la estaba ignorando.

El "enemigo silencioso" en tu ducha

Si miraras la etiqueta de la mayoría de los jabones que venden en el supermercado, verías nombres que parecen sacados de una película de ciencia ficción: parabenos, ftalatos, lauril sulfato de sodio...

Te lo digo de forma sencilla: estos químicos son básicamente "disruptores".

Imagina que tu piel es una membrana inteligente que está diseñada para protegernos. Cuando le aplicamos estos químicos sintéticos, los dejamos entrar al torrente sanguíneo. Muchos de estos ingredientes actúan como "disruptores endocrinos". ¿Qué significa eso en cristiano? Que le envían mensajes confusos a nuestro sistema hormonal, fingiendo ser algo que no son, lo que puede causar desde irritaciones crónicas hasta desequilibrios que ni nos imaginamos.

Mi momento "¿que qué?"

Un día, cansada de sentir mi piel "estresada", decidí investigar qué era lo que realmente estaba poniendo en mi cuerpo. Cuando descubrí que lo que estaba usando no era un jabón natural sino un detergente lleno de colores artificiales que lo hacían ver más bonitos, lleno fragancias sintéticas que me engañaban con sus ricos aromas, lleno de conservantes creados para durar años en una bodega de supermercado, lleno de ingredientes impronunciables... sentí mucha frustración.

Me pregunté ¿por qué nos conformamos con productos que nos irritan solo porque son los que están a la mano en el supermercado?

Ahí empezó mi camino hacia lo natural. Empecé a probar los jabones artesanales con ingredientes reales: mantecas, aceites esenciales, pétalos de flores... y la diferencia no fue solo cosmética, fue una sensación de tranquilidad que no puedo explicar. Mi piel, por primera vez en años, dejó de "gritarme".

¿Por qué Jabonería BON nació de esta incomodidad?

No creé BON para venderte una barra de jabón más. Estoy convencida de que regresar a lo natural no tiene que ser costoso, no tiene que ser un sacrificio, es un acto de amor propio y quiero que puedas comprar tus jabones artesanales fácil y a buen precio.

Los jabones artesanales tienen ingredientes que mi cuerpo reconoce y que puede asimilar sin pelear. Y quiero compartir esta experiencia con todas las personas posibles. 

El cambio empieza hoy

Si estás cansada de sentir que tu piel no está cómoda en su propia casa, quiero invitarte a hacer una prueba: revisa la etiqueta de tu jabón actual. Si no puedes pronunciar la mitad de los ingredientes, probablemente sea hora de un cambio.

No tienes que tirar todo a la basura hoy mismo, pero te invito a que en tu próxima compra, elijas algo que sea transparente, real y hecho con respeto hacia tu biología.

Tu piel es el único hogar que tienes para vivir; tratarla con la pureza de la naturaleza no es un lujo, es un acto de amor propio.

 

Cuéntame si sientes lo mismo que yo con los jabones del supermercado, escríbeme para que conversemos sobre como puedes empezar a usar jabones artesanales.